Gabriela Mistral y el Amor de la Ciudad.
Acontece que los deberes complejos de la época nos van haciendo olvidar los simples, hasta el punto de que se deben formar instituciones para recordarlos y mantenerlos…
Debiera haber en los libros de lectura de nuestros niños un trozo que ampliara el mandamiento de “honrar padre y madre”, formando en ellos el amor y la honra de la “ciudad materna”.
«Ama a tu ciudad. Ella es sólo la prolongación de tu hogar, y su belleza te embellece y su fealdad te avergüenza. Procura que todas sus avenidas, y ojalá todas sus calles, tengan la gracia del árbol, tras cuyas copas el cielo es más profundo. Procura que haya en esas calles uno que tú hayas plantado, y por el que veles. Una ciudad sin árboles es una masa opaca y brutal de edificios, que endurece el corazón de sus hombres.
Haz que tu ciudad sea hermosa, además de rica y de justa. El pueblo de Atenas no se conformó con embellecer sus museos y no creyó que lo bello sólo fuera cosa de poemas: menos egoístas que nosotros, descuidó el hogar, que es de unos pocos, para hacer hermosa la ciudad, que es de todos.
Defiende tus monumentos y tus paseos: al robarte un panorama, roban una alegría de tus ojos, despojan tu alma. Pero cuando esos monumentos son primitivos y feos, clava en ellos el ridículo y atácalos, porque hacen daño social, lo mismo que una ley mala. Odiales lo grotesco y no descanses hasta que los veas reemplazados por un mármol gracioso y profundo.
El que ha hecho grotescamente a tus héroes, los ha ultrajado y los sigue ultrajando cada día en el monumento deforme.
Lleva a tu patriotismo, como a todo, un sentido de belleza, y no toleres ni el canto patriótico necio ni el discurso patriótico insípido ni el bronce heroico antiestético…
Ayuda a los que embellecen tu ciudad, y ámalos…
No te limites a pedir que tu ciudad tenga higiene y luz, pide que se le ennoblezca…
Ama, pues, las calles, que en ningún día dejas de cruzar, y que ellas, por hermosas, te ayudan a sentir la vida y amarla, como tu maestro quiere que la sientas: alta y espiritual”.
Gabriela Mistral, Revista Mireya, Punta Arenas, 1919
Gabriela Mistral y el amor de la ciudad [artículo]. El Diario de Aysén. Archivo de Referencias Críticas. . Disponible en Biblioteca Nacional Digital de Chile https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/628/w3-article-591244.html .
Gabriela Mistral. Pinos de Navidad
La medianoche justa
en llegando el Bienvenido
los que se durmieron hombres
se van despertando pinos.
Los gigantes son nonada,
los fuertes son temblorcillo,
y la Tierra sube y sube
por los brazos de los pinos…
Los bultos de gladiadores,
de almirantes y caudillos
serían escamoteados
que esta noche manda un Niño…
Pesaban lo animales,
las montañas y los ríos;
pero ahora pesa el mundo
lo que la aguja del pino.
El aire no huele a fruto
a flor, ni a viento marino.
Huele a renuevo de un día,
al Dios-Chiquito, al Dios-Niño.
De ramos verdea el mundo
porque está bajando un Pino,
¡rompe el aire, da en la Tierra
y posa el pie a lo divino!copiando de http://mir-es.com/indexs.php